Los trabajadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología terminan el año sin prestaciones. Es sólo un reflejo de lo que puede ocurrir en todas las instituciones del Estado. Es un reflejo de las perversiones a las que ha llegado la economía laboral en el país.
A las cinco de la tarde del martes 27 de noviembre, se tenía programada la presentación del informe final de Enrique Cabrero, titular del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Fue cancelada.
Desde un par de horas antes, un grupo de trabajadores inició una protesta en la sede de esta institución, en la avenida Insurgentes Sur de la capital mexicana. Este fin de año sus percepciones serán considerablemente menores con respecto a los anteriores, en especial porque no se les darán sus prestaciones. Con mantas en la entrada de las oficinas, acusaban a Cabrero por la afectación.

Al cabo de poco más de dos horas de iniciadas las protestas, Cabrero recibió a los trabajadores.
El titular de Conacyt explicó que las medidas que tomó con respecto a las prestaciones de los trabajadores fueron derivadas, no de su voluntad ni de políticas internas de esta institución, sino de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos (LFRSP) publicada el lunes 5 de noviembre en el Diario Oficial de la Federación y que, de acuerdo con el DOF, entró en vigor el martes 6 del mismo mes.
“No podemos ir en contra de la ley”, dijo Cabrero, quien, por su parte, ofreció reunirse con asesores legales para estudiar la forma de aplicar la ley sin afectar tanto a los trabajadores, cuya protesta se centraba en decir que, aunque la ley se haya aprobado, “no está claro que se tenga que aplicar de manera tan atrabiliaria y apresurada”.
“Estamos evitándoles sanciones a ustedes”, dijo Cabrero, pues la LFRSP contempla sanciones severas en su Capítulo V; pero el argumento fue recibido con escepticismo y gritos de protesta. Hay que mencionar que las sanciones solo procederían en caso de denuncia.
Cabrero, quien había asegurado que no estuvo a favor de la aprobación de la LFRSP, insistió a los trabajadores a continuar con las protestas; pero, sobre todo, a que se amparen contra la ley.
Las protestas han seguido y hoy, jueves 29, se está haciendo una marcha que se puede seguir en la cuenta de Twitter de los trabajadores de Conacyt.
Por qué nos importa a todos lo que pasa en Conacyt
Los aspectos que más se han destacado en los medios sobre la LFRSP, que es una ley reglamentaria derivada de los artículos 75 y 127 de la Constitución, son que retira las pensiones de los expresidentes y que disminuye el salario de los funcionarios que ganen más que el presidente.
Ahora, quienes protestan en Conacyt no son, desde luego, expresidentes ni funcionarios con altísimos salarios. Son en general trabajadores administrativos que, en algunos casos, tienen hasta 30 años de trabajar en Conacyt y cuyos sueldos están entre los 6 mil y los 12 mil pesos mensuales.

La explicación está en el Artículo 4, donde “se considera remuneración o retribución toda percepción en efectivo o en especie, incluyendo dietas, aguinaldos, gratificaciones, premios, recompensas, bonos, estímulos, comisiones, compensaciones y cualquier otra, con excepción de los apoyos y gastos sujetos a comprobación que sean propios del desarrollo del trabajo y los gastos de viaje en actividades oficiales”.
Desde hace mucho es evidente que estas percepciones son no solo una forma de compensar a altos funcionarios, quienes acababan ganado así mucho más que el sueldo nominal del presidente de $198,000 mensuales; pero también son una forma de “engañar” al fisco, dado que estas percepciones no suelen generan impuestos ni cuotas al ISSSTE.
Lo que no se hacía tan evidente es que las dependencias de gobierno han usado estas compensaciones para que todos sus trabajadores les salgan más baratos…
Aunque, desde luego, esto ha representado un cierto beneficio financiero e inmediato real para muchísima gente, también es un reflejo de cómo el funcionamiento de la economía nacional se ha pervertido a todos los niveles, y esto eventualmente nos afecta a todos.
Los mexicanos, desafortunadamente, ya nos hemos acostumbrado a las prácticas de lo que se ha dado en llamar el capitalismo salvaje; a cosas como que se hagan muchos contratos temporales (la gente puede pasar años con contratos de tres meses), a las renuncias a finales de año en las que el finiquito constituye el “aguinaldo”, al outsourcing que no da prestaciones de ley…
Son cosas que nos dan la impresión de estar mal, pero las aceptamos porque tenemos que trabajar y ganar dinero.
Lo más grave es que nos sentimos indefensos ante ellas. No hay con quien quejarse y quienes llevan a cabo estas prácticas parecen siempre tener a ley de su lado. El colmo es, desde luego, que el propio gobierno y sus dependencias las lleven a cabo.
En ese sentido, la LFRSP pudiera ser el inicio de una necesaria limpieza en la economía nacional, la cual tendría que empezar por las instituciones del estado, por supuesto. Pero esta, como ejemplifica lo sucedido Conacyt, promete ser una limpieza brusca que, como suele pasar, afectaría sobre todo a los más desprotegidos.
Ojalá las protestas (y, esperemos, el juicio de amparo que interpongan) de los trabajadores de Conacyt sirvan para matizar esta limpieza.