28 marzo, 2020
Manuel Lino González (53 artículos)
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Fábula morbosa 3: virus de la destrucción

¿Cómo fue que unos cuanto europeos conquistaron grandes imperios americanos como el azteca o el inca? Sí, los gérmenes, es especial los virus, ayudaron, pero ¿tiene eso algo que ver con la inmunidad de las poblaciones actuales?

Cuando en 1492 Cristóbal Colón y su tripulación desembarcaron en la isla que denominaron La Española (actualmente, República Dominicana y Hatí), traían consigo, en las manos, botas, bocas, pulmones, bacterias y virus que acabarían resultando casi letales para un continente entero

Por un misterio evolutivo, antes de la llegada de Colón no había en América ninguna de las enfermedades epidémicas que llevaban siglos siendo comunes en Europa y Asia; así, cuando con los europeos llegaron las virales influenza, viruela, hepatitis, sarampión, encefalitis y ciertas neumonías, y las bacterias tuberculosis, difteria, cólera, tifus, escarlatina y meningitis, los pobladores de este lado del Atlántico no tenían defensa biológica alguna contra estas enfermedades

Y, aparentemente, no es solo que no conocieran a esos patógenos y, por tanto, no tuvieran anticuerpos contra ellos; es posible que fueran aún más susceptibles a estas enfermedades.

Misterios de la evolución biológica

Hará unos 17 mil años, un grupo de seres humanos pasó por el estrecho de Bering. De ellos se derivaron todos los pobladores que había en el continente americano cuando llegaron los españoles.

Incluso si se considera que quizá hubo más de una migración o que es posible que algunos vikingos y navegantes asiáticos llegaran antes de 1492, el hecho es el mismo: a partir de poca gente se pobló todo un continente, y se pobló muchísimo.

17 mil años es un tiempo muy corto desde el punto de vista evolutivo. Esto implica que los pobladores americanos de finales del siglo XV eran genéticamente parecidos unos a otros. Incluidos, sí, sus sistemas inmunológicos.

No hay manera de saberlo con certeza, pero hay investigadores que sugieren que de cada seis indígenas de sudamericanos, dos eran inmunológicamente iguales o muy parecidos; mientras que se necesita buscar en 400 africanos para encontrar dos que se parezcan (las poblaciones africanas son las más antiguas y diversas pues ahí se dieron la evolución y el origen de los seres humanos).

A la indefensión biológica, debida a la falta memoria y variabilidad inmunológicas necesarias para enfrentar al coctel de enfermedades, habría que añadir la indefensión intelectual: literalmente no sabían qué hacer ante epidemias de gran magnitud pues no las conocían.

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Los números del apocalipsis americano

Para dar una idea de la magnitud de la destrucción se puede citar al propio Colón, que se refirió a los indígenas tainos que había en La Española como “innumerables, porque creo que hay millones y millones de ellos”. Fray Bartolomé de las Casas afirmó que la población era de “más de tres millones “.

Los investigadores contemporáneos dan estimaciones de entre 60 mil y casi 8 millones de personas. La cifra real, dice Charles C. Mann en su libro 1493, no es tan relevante; lo es que unos 50 años después de la llegada de Colón, “según un residente académico español, menos de 500 tainos estaban vivos”.

Para el caso del continente americano, parece que se puede fijar con precisión la fecha del inicio de la pandemia: el 23 de abril de 1520, y hasta el paciente cero.

Fábula morbosa 3: virus de la destrucción 1

Dibujo del Libro XII del Códice Florentino, compilado por Fray Bernardino de Sahagún de 1555 a 1576. Crédito: WikiCommons.

Todo comenzó a finales de 1518, cuando hubo un brote de viruela en La Española, de donde pasó a Puerto Rico y a Cuba. De esta última isla, Hernán Cortés zarpó sin permiso de la corona española; iba a atacar al imperio de la Triple Alianza, los aztecas. El gobernador de Cuba mandó entonces a Pánfilo de Narváez en persecución de Cortés

El barco de Pánfilo tocó tierra en la fecha señalada; a bordo estaba Francisco Eguía o Baguía, un esclavo enfermo de viruela.

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Fábula morbosa 3: virus de la destrucción 2

Dibujo de las pústulas que ocasiona la viruela bovina. WikiCommons.

El virus de viruela se dispersó con velocidad y eventualmente llegó hasta Chile por la costa del Pacífico. Así, cuando Francisco Pizarro se decidió a atacar al imperio Inca en 1532, éste estaba en medio de una guerra civil que se desató tras la muerte, por viruela, del emperador Huayna Cápac.

La disputa entre los historiadores sobre la cantidad de pobladores que había en el continente americano no está ni cerca de ser resuelta; pero, con base en los estudios de Cook y Borah de la Universidad de California en Berkeley, Elsa Malvido del INAH calculó que la población en el valle de México cayó en un 97% en poco más de un siglo.

En otras palabras, si en 1518, como dice uno de los cálculos, había alrededor de 25.2 millones de personas en los distintos poblados del valle de México, tras las históricas cuatro epidemias de viruela, que tiene una mortalidad del 90%, dos de sarampión, una de influenza, una de peste y dos de un mal local llamado cocoliztli (éstas últimas probablemente se desencadenaron por las inusualmente malas condiciones sanitarias que dejaron la guerra y las otras epidemias), para 1623 había alrededor de 700 mil personas en el valle.

Y todo esto ¿tiene algo que ver con la susceptibilidad al Covid-19 u otros virus?

Pobreza, mestizaje e historia NO inmunizan contra los virus 

Últimamente algunas autoridades en México han sugerido que el sistema inmune de los mexicanos podría ser más resistente que los de otras personas o que la condición socioeconómica de las comunidades puede hacerlas más o menos resistentes al Covid-19.

Esto es totalmente falso.

Por un lado, “tratándose de un virus que recientemente se trasladó de su hospedero natural a humano, NINGUNA población humana tiene la capacidad de respuesta natural contra un virus al que nunca había estado expuesta”: Doctor Federico Sánchez Quinto, del Departamento de Genómica Computacional y de Poblaciones del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen).

Ahora, por todo lo expuesto antes en este texto, podría ser que los grupos indígenas, no solo de México sino de todo el continente podrían ser más susceptibles al Covid-19 que los pobladores de otras regiones del mundo. 

La doctora Mara Helena Hutz, de la Universidade Federal do Rio Grande do Sur en Brasil, explica que análisis han confirmado la menor variabilidad de ciertas regiones genéticas de las poblaciones amerindias actuales. La relación de este hecho con la eficacia para combatir infecciones no es directa, ya que el sistema inmunológico es muy complejo, está regulado por unos 1,600 genes y tiene diferentes tipos de respuesta, pero sí se ha observado.

Para Sánchez Quinto, son muy pocos los estudios a nivel de poblaciones indígenas, y es posible que los datos, tomados principalmente en Brasil, que indican que podría haber una menor capacidad de respuesta en estas poblaciones se deban, más bien, a que están aisladas y no han tenido el mismo contacto con virus y otros patógenos que han tenido los pobladores de cualquier ciudad del mundo.

Por otra parte, Hutz señala que, dentro de las distintas formas de actuar del sistema inmunológico de “las poblaciones europeas responden predominantemente con células Th1… que se supone son las que dirigen el ataque contra los patógenos intracelulares como los virus”; mientras que en las poblaciones amerindias y africanas predomina la respuesta de células Th2, “que protegen contra patógenos extracelulares y de mayor tamaño, como lombrices y gusanos”.

Así, no solo no hay evidencia de que la población mexicana esté mejor preparada para resistir al Covid-19, sino que se puede sugerir que algunas comunidades, no solo de México sino de todo el continentes, son incluso más susceptibles.   

Los principales riesgos, como ya se ha dicho, más bien los tienen las poblaciones con desnutrición, obesidad, diabetes, padecimientos cardíacos y hasta con estrés, pues tienen un sistema inmunológico debilitado.

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Una versión previa y más extensa de esta nota fue financiada y publicada por el semanario Eje Central el  10 de febrero de 2020.

Manuel Lino González

Manuel Lino González

Estudié biología, música y creación literaria. Encontré trabajo como periodista. Estaba en contacto con todo lo que me entusiasmaba y, sin embargo, algo me faltaba. Entonces me di cuenta de que no me gustaban las paredes, fueran las del periódico o las que decidimos que existen entre periodismo y literatura, entre artes y ciencias, entre público y creadores, entre amigos y enemigos… Ahora estoy en una publicación donde, si no las derrumbamos, al menos vamos a explorar qué tan sólidas son. Se llama Los Intangibles. @ManuelLino_ manuel.lino@losintangibles.com