Este lunes se estrenó la serie de televisión basada en los libros de Phillip Pullman.
Philip Pullman debe ser el autor más interesante que hay en ese inmenso universo que llaman “literatura juvenil”. En buena medida es gracias a sus demonios.
Este lunes comienza por HBO la serie La Materia Oscura, basada en la trilogía de libros del mismo título de Pullman. Es posible que Pullman no le suene de nada, después de todo La Materia Oscura se publicó casi al mismo tiempo que los libros de Harry Potter, de J.K. Rowling, y como bien sabemos esos se llevaron toda la atención.
Pero si ha llegado la hora de descubrir a un autor, es esta. No importa si usted tiene 12, 36 o 68 años, los tres libros que conforman La materia oscura son para fascinarse. No es solo que sean divertidos y no se puedan dejar de leer –cualidades que tienen—sino que son libros inteligentes que bien pueden servir para acercar a quien sea a la física cuántica.
Sé que eso suena muy arcano. ¿Física cuántica en un libro para niños? Bueno, ¿por qué no? Toda la imposibilidad de la física cuántica está en esos libros maravillosos, mientras los demonios ponderan su viaje…
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Pero, ¿qué demonios?
¿Qué demonios? Los que nos hablan tiernamente y nos dicen quiénes somos en realidad. En La Materia Oscura se exploran múltiples realidades (les digo, es cuántico). La protagonista es Lyra Belaqcua, una niña de 11 años que vive en la Universidad de Oxford.

Pero no es nuestro Oxford, no. Es uno ligeramente similar al nuestro, reconocible, pero con diferencias que saltan a la vista desde la primera página. Recuerdo que cuando leí Luces del norte, el primer tomo de La Materia Oscura, no entendía nada. Estaba esta niña y una criatura extraña que cambiaba de forma según los ánimos de Lyra.
No se preocupen, la explicación viene pronto, aunque ese momento primero de extrañeza es parte de la genialidad narrativa de Pullman. Por cierto, la traducción al español de Luces del norte (Northern Lights) se publica ahora con el título con que fue publicado en Estados Unidos, La brújula dorada (The Golden Compass).
En el mundo de Lyra todos los humanos nacen con un demonio o daemon, un animal que representa el alma de cada persona. Los demonios siguen a todas partes a su humano: su voz es sonora, sus intenciones diáfanas… pero solo para su humano. Es muy raro que los demonios se dirijan a otra persona que no sea su humano.
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El demonio de Lyra se llama Pantalaimon y como Lyra es apenas una niña, cambia de forma a cada momento. Verán, los demonios solo llegan a su forma definitiva cuando los niños se vuelven adultos.

Y aquí es donde entra la mentada materia oscura. Esta materia no existe en nuestro universo, no es la que buscan los astrónomos. Es complicado de explicar en un texto breve como este, pero para abreviar: la materia oscura se deposita sobre los niños y los hace alcanzar su grado completo de racionalidad.
En la trilogía, cuyos otros libros son La daga (The Subtle Knife) y El catalejo lacado (The Amber Spyglass), los enemigos son la iglesia católica, la cual no quiere que los niños crezcan para que nadie los cuestione.
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La Materia Oscura no es solo una historia que mezcla ciencia, fantasía y crítica a las religiones organizadas, también es un homenaje al Paraíso perdido de John Milton. Así como Lucifer es, en la obra miltoniana, el demonio que decide liberarse, Lyra tendrá que emprender el viaje que la desate del asfixiante mundo en que vive.
Si ha llegado la hora de picarse con una serie de libros, es esta. Justo en estos días Pullman está publicando la continuación de La Materia Oscura, llamada The Book of Dust (traducida como El Libro de la Oscuridad) y es también una trilogía de la que hasta ahora se han publico La bella salvaje (La Belle Sauvage, 2017) y The Secret Commonwealth (2019), aún sin traducción.
Si bien El Libro de la Oscuridad no es tan fascinante como su hermana mayor, sí es placentero regresar al mismo mundo y reencontrarse con personajes queridos.
Bueno, recuerden: desde este 4 de noviembre en HBO se puede ver la serie La Materia Oscura. No se la pierdan. Yo no lo haré, aunque sea para enojarme porque no es tan padre como los libros.